Básicamente la autoestima viene de la auto-valoración que hacemos de nosotros mismos:
imagen propia, aceptación y amor a uno mismo, pensar que tengo valía. Y,
por cierto, no tenemos la misma autoestima en todos los ambientes. En el
ambiente familiar, por poner un ejemplo, podemos tenerla baja, porque además es
uno de los ambientes que influyen directamente sobre nuestra autoestima. En cambio,
en el laboral, podemos sentirnos por el contrario muy valorados, ya que nos
sentimos grandes profesionales.
Como observas, empleamos
la palabra “sentirse” o incluso “ser”, porque la autoestima es una cualidad muy
importante, genérica, que incluso dará lugar a una mayor o menor auto-confianza,
aunque no siempre.
La auto-confianza tiene que ver con nuestras
capacidades, con aquello que conseguimos “hacer”. Aquí está más el aspecto de habilidad,
de realizar determinadas acciones. Confío o creo en mí para hacer o conseguir
esto o lo otro. La autoestima en cambio no tiene que ver tanto con qué hago
bien o mal o qué sé yo no sé hacer, sino con cómo soy o me siento conmigo mismo.
En conclusión, la verdadera autoestima surge
cuando primero he aprendido a confiar en mí, es decir que no existe autoestima
sin autoconfianza. Debo primero reafirmar y conocer mis capacidades para poderlas
valorar y nunca más rebajarme por algo que no merezco.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario